Energías renovables

Artículo publicado en el Diario de Sevilla (Año 1999)

Andalucía es una de las regiones más extensas de Europa, un hecho que condiciona de forma considerable el desarrollo de las infraestructuras energéticas tanto en los aspectos de generación, como de distribución de dicha energía.

Por otra parte tanto el consumo general energético de Andalucía como el consumo per cápita, están por debajo de la media nacional y muy alejados de la media comunitaria.

Los andaluces tenemos una gran dependencia energética de los productos petrolíferos que producen el 63% de la energía que consumimos, ésta cifra es semejante a la media nacional pero muy superior a las cifras comunitarias que están alrededor del 49%.

Andalucía es deficitaria en lo que a generación de electricidad se refiere. Producimos sólo el 50% de lo que consumimos, y la producción propia está basada fundamentalmente en centrales térmicas convencionales que se nutren de gas, fuel-oil y carbón. Los pantanos andaluces son generadores de una escasa cantidad de energía eléctrica, ya que en su mayoría están dedicados al riego y abastecimiento de la población.

En líneas generales el panorama energético andaluz muestra una importante dependencia de los recursos energéticos no renovables, de los que carecemos, en detrimento de los renovables que todavía por desarrollar, son abundantes en nuestra tierra.

Como sabemos las energías renovables principales son la solar, la eólica, la hidráulica, la mareomotriz, la geotérmica, y la derivada de la transformación de la biomasa.Con abundancia y posibilidades de utilización sólo tres, la energía solar, la eólica y la derivada de la transformación de la biomasa, se explotan actualmente en Andalucía. La geotérmica prácticamente no existe por la carencia de zonas volcánicas y la mareomotriz tampoco parece factible de utilización pues las mareas atlánticas carecen del coeficiente adecuado.

Como consecuencia de este somero análisis y tras realizar una revisión de lo que ha sido la evolución de la economía andaluza durante el último siglo, llegamos a la conclusión de que nuestro futuro a corto, medio y largo plazo pasa por efectuar una explotación racional de los recursos naturales con que contamos que, además de ser renovables en su mayoría, se pueden potenciar con otros que, si no lo son al menos sus efectos secundarios no producen secuelas importantes (el gas natural importado sobre todo).

Aunque haya quien no comparta este criterio, y lógicamente salvo imponderables, la historia es como los raíles que conduce el tren de la economía que marcha arrastrando los vagones del futuro.

Andalucía desde sus más remotos inicios históricos ha sido una región dotada de generosos recursos naturales (clima, paisaje, fauna, flora, además de riqueza genética humana) que han hecho posible el desarrollo de una sociedad basada no hace mucho y aún hoy, en la agricultura como pilar fundamental y en el turismo en tiempos más recientes.

Está claro que se ha luchado por conseguir una sociedad industrializada como parecía que exigía la modernidad de los tiempos, algo se ha conseguido, y más se debería conseguir especialmente en el campo de las industrias modernas como la informática o por ejemplo en I+D, pero dejémonos de cuentos porque los andaluces siempre hemos sido excesivamente estoicos y poco pragmáticos, aunque bien es cierto que a veces aquí se carde la lana y la fama la cobren otros. Pese a todo, la realidad es que Andalucía es un sol, un clima y una historia que facilitan y potencian tras la integración en Europa, dos de las industrias más potentes y con mejores perspectivas de futuro del mundo moderno que son la agricultura y el turismo, como anteriormente hemos citado.

Si llegamos a esta conclusión y somos consecuentes, queda claro que estas dos industrias básicas y generadoras de una inmensa riqueza para Andalucía hay que desarrollarlas y protegerlas, pero sin olvidarnos de que ambas son bastante incompatibles con su fomento por parte de recursos no renovables que son los que generalmente contaminan nuestros citados recursos naturales. Los recursos hídricos contaminados son incompatibles con una agricultura moderna, incluso con la vida de los ciudadanos, atmósfera limpia, paisajes no degradados, patrimonio histórico bien conservado, cultura acogedora, etc., que constituyen la esencia del turismo moderno, tampoco son compatibles con recursos que en esencia degradan el medio ambiente.

A la conclusión final que llegamos es que Andalucía debe basar su futuro durante el próximo siglo y desde el punto de vista de sus bases energéticas, en apostar decididamente por la utilización de las energías renovables que poseemos, la eólica, la solar y la de generación de biomasa fundamentalmente y como complemento de las mismas, algún tributo tendremos que pagar, la energía derivada del gas natural que, de las no renovables, es sin lugar a dudas la menos lesiva para nuestro medio ambiente, y para nuestros intereses económicos.

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~ por camoyan en 26 noviembre 2009.

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