El calor

Artículo publicado en el Diario de Sevilla (Año 1999)

Durante el verano, los fines de semana, Sevilla se queda prácticamente vacía, el calor aprieta , los termómetros sobrepasan con creces los 40º C y el personal a lomos de cuatro ruedas busca pasar un par de noches en las sierras próximas donde la temperatura refresca nada mas ponerse el sol , o el chapuzón en cualquiera de las cercanas playas de Huelva o Cádiz .

La indudable mejora de las comunicaciones propicia que parte de los sevillanos alcancen costas más lejanas como las de Málaga e incluso Almería, sin embargo, todavía son bastantes los que permanecen en la ciudad y aprovechan el fin de semana para refugiarse en cualquiera de los parques con que cuenta nuestra ciudad o acercarse al anochecer a la orilla del río Guadalquivir donde la temperatura es más benigna.

Se puede asegurar que de unos años a esta parte la media de las temperaturas veraniegas en Sevilla capital ha subido 4 ó 5 grados, pero no se preocupen porque este hecho no es debido al cambio climático, ni al efecto invernadero que en un futuro próximo nos pondrá sin lugar a dudas las cosas más duras, o mejor dicho más calientes, sino que todo es debido a la marea negra que venimos padeciendo desde hace unos 20 ó 30 años y a la mejora de la calidad de vida .

Aunque pueda parecer paradójico, la marea negra y nos referimos al continuo asfaltado de las calles, hace que el calor se acumule durante las horas de sol y se desprenda durante la noche sin que haya lugar a que el asfalto se enfríe y la temperatura se modere. Por otra parte, la calidad de vida impone que para luchar contra el calor nocturno que impide el sueño hay que tener un aparato de aire acondicionado, que por cierto, refresca el interior de las viviendas pero expulsa a la calle una buena cantidad de calor, que lógicamente se suma al que se desprende del asfalto, resultado tres, cuatro o cinco grados más de temperatura en la atmósfera de la ciudad.

A este paso nos preguntamos si no sería mejor volver al adoquinado de las calles y utilizar alguno de nuestros mejores inventos, como son el búcaro y el abanico, creo que no pero no les quepa duda de que el progreso y la calidad de vida tienen un coste medioambiental muy alto, que quizás tengamos que pagar en un futuro no muy lejano.

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~ por camoyan en 7 diciembre 2009.

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