La lluvia en Sevilla, una maravilla.

Artículo publicado en el Diario de Sevilla (Año 1999)

Los sevillanos en particular y los andaluces en general, tienen cierta tendencia a mirar al cielo. Generalmente los seres humanos han elevado sus ojos al cielo desde siempre pues la climatología y sobre todo la lluvia ha tenido una importancia decisiva en sus vidas, tanto si eran cazadores como si eran recolectores, la obtención de los alimentos se veía directamente influenciada por los fenómenos meteorológicos que en muchas ocasiones eran considerados como manifestaciones del estado en que se encontraban los dioses, unas veces Júpiter se despachaba lanzando rayos y truenos según su estado de ánimo y otras veces era el propio Eolo el que empujaba las velas de sus protegidos para que pudieran alcanzar el vellocino de oro.

La sociedad andaluza, como se sabe es de origen fundamentalmente rural y ha mirado siempre a los cielos tratando de averiguar el futuro de sus cosechas sobre todo cuando gran parte de las mismas son de lo que llamamos cultivos de secano (dependen por lo tanto de las lluvias) y no de regadío.

La realidad es que son muchos los andaluces que, amantes de la naturaleza y preocupados por las frecuentes sequías que venimos padeciendo durante los últimos años, se preguntan si todo esto no tendrá algo que ver con la tremenda deforestación a la que se ha sometido a Andalucía desde los años cincuenta.

Desde siempre las borrascas atlánticas habían penetrado por el oeste de nuestra región y tras chocar con las corrientes ascendentes de aire húmedo y oxigenado que se desprendía de amplias zonas de nuestro territorio cubiertas de encinares, alcornocales y lentiscares, descargaban su lluvia, convirtiendo algunas zonas, como la Sierra de Grazalema, en la de mayor índice pluviométrico de toda España. Tras los desmontes sufridos por la invasión de eucaliptos en la provincia de Huelva y la deforestación de la provincia de Cádiz como consecuencia de la absurda y terrible ley de fincas manifiestamente mejorables, las borrascas del Golfo de Cádiz no han vuelto a descargar sus aguas con la misma intensidad de antaño, parece como si el calor que emana de la reflexión del sol en nuestras áridas tierras formara una corriente térmica ascendente que desviara el flujo borrascoso hacia el norte.

El resultado de todo esto nos lleva a la inmensa mayoría de los sevillanos, a una curiosa coincidencia con el premio Nobel Bernard Shaw quien a través de su obra Pigmalión y musicales posteriores como My fair Lady, hizo famosa en el munto entero la frase de “la lluvia en Sevilla es una maravilla”. Y usted que lo diga don Bernardo.

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~ por camoyan en 7 diciembre 2009.

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