Memorias de un fotógrafo de la Naturaleza. Fresco Pompeyano

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Sí ya sé que dije que me iba a llevar una temporada sin subir nada del Tinto, pero dónde dije digo, digo otra cosa, qué le vamos hacer perdonarme; el caso es que un comentario de Jose María Montero y otro anterior de mi amigo Benigno Varillas sobre un tema que a los dos nos interesa, bisontes y hombre primitivo hicieron que se me encendiera la chispa sobre algo que vengo años rumiando, ésa capacidad de los humanos más o menos desarrollada según quién, pero que tanta relación creo yo que tiene con la facultad de hacer buenas o interesantes fotografías.
La evolución a lo largo de millones de años nos ha dotado a los humanos de cinco sentidos, creo y si no que los expertos me corrijan que el primero en desarrollase fué el tacto y a continuación el gusto, pienso que el tercero fué la vista y a continuación el oído y olfato, lo que llamamos inteligencia fué muy posterior y es lo único que nos diferencia de los demás seres vivos.

Aunque no quiero aburriros con este tipo de disquisiciones, no tengo más remedio que seguir haciendo un poco de historia para llegar a lo que al final quiero explicaros. En un momento sin determinar de la Evolución de los seres vivos aparecieron los depredadores y éste hecho desde mi punto de vista cambió radicalmente el desarrollo de los sentidos, porque de la necesidad de defenderse en la lucha diaria por la vida, el sentido de la vista progresó mucho más que los otros sentidos. En éste mundo la necesidad de sobrevivir ha impulsado muchas cosas pero que al ojo humano solo lo superan en agudeza visual las aves y poco más, para mí está claro que ha sido la predación el motor de ese progreso, es mi teoría, aunque tengo que añadir que en nuestro caso la inteligencia que se nos supone, hace que nuestro cerebro tenga ciertas ventajas sobre el resto de los seres vivos, y entre esas ventajas están la capacidad de análisis de lo que vemos, que nos puede llevar directamente a la abstración y por lo tanto a lo que consideramos como Arte, y la capacidad de observación que nos ayuda a distinguir los diferentes elementos que componen una escena, ésta capacidad de observación es la que hace que nos fijemos en cosas muy determinadas hasta el punto de convertirnos en especialistas en ornitología y ser capaces de distinguir un águila imperial de una real a kilómetros de distancia lo mismo que hay, y no reiros por favor, quién se aficiona a las mujeres y se convierte en especialista en selección de modelos.

A todo lo anteriormente expuesto añado, que tener unos buenos conocimientos culturales, históricos, biológicos e incluso filosóficos, aunque sean de nivel básico favorecen también nuestra capacidad de análisis y de observación.
Llegados a éste punto paso a exponeros el porqué subo esta foto obtenida en el Río Tinto y en la que he tenido que aplicar parte de lo que anteriormente os he contado. Durante uno de mis paseos por el río me llamó la atención una piedra enorme de aproximadamente 2 x 3 metros de largo por ancho y 1 metro de altura, en la parte soleada aparecían concreciones al parecer de metales oxidados de colores amarillos y rojizos, nada extraño tratándose del Tinto, me subí encima de la piedra y al contemplar la superficie expuesta al sol lo primero que se me vino a la cabeza fué que amarillos y ocres me recordaban los frescos quemados por el fuego del Vesubio en la ciudad de Pompeya, no sabía porqué pero las manchas me gustaron así que tomé una foto de la superficie más plana de aproximadamente 40x 60 centímetros y continué mi periplo fotográfico sin mayor interés.

Cuando vuelvo a casa después de cualquier periplo fotográfico, lo primero que hago es vaciar la tarjeta de memoria en el disco duro del ordenador, después comienzo a disfrutar viendo las imágenes una a una pero ya más detenidamente, cuando llegué a la foto de que os hablo, ocurrió el milagro, ése chispazo que te dice !santo cielo!, ¿que es ésto?, en la foto de la pantalla descubrí dos rostros como de dos amantes que me miraban sorprendidos aunque el verdaderamente sorprendido era yo, eran solo manchas, pero yo veía efectivamente las imágenes a trozos de un fresco pompeyano en el que para colmo, encontraba también el rostro de un niño, el de una calavera e incluso el imaginario rostro de un mofletudo e imaginario rey tocado de una supuesta corona.

Prueben ustedes a ver lo que yo creo haber descubierto en ésta fotografía y como seguro que lo van a conseguir, comprenderán mejor qué es una abstracción fotográfica, posiblemente muchos de ustedes incluso puedan ampliar esta que parece una galería de personajes, es muy simple solo hay que observar con detenimiento y surgirán los chispazos. Abrazos.

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~ por camoyan en 11 mayo 2013.

Una respuesta to “Memorias de un fotógrafo de la Naturaleza. Fresco Pompeyano”

  1. Hola Antonio ¡ Me alegró mucho verte por Doñana ¡. Si no me leo tu comentario ni lo veo … Efectivamente, veo los amantes, y es verdad que parece un mosaico de Pompeya. Me gustan este tipo de fotos, como te dije el otro día, las fotos de fauna están bien, y a veces son extraordinarias, pero éstas de abstracción me parecen muy artísticas y perfectas para decoración de interiores. Un abrazo

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